Es un hecho ya indesmentible en la comunidad científica seria que el cambio climático es una realidad y un desafío de tal magnitud, que, de no enfrentarlo, la vida tal como actualmente la concebimos ya no será posible, es por ello que periódicamente los estados toman acuerdos macro para reducir la emisión de Gases de efecto invernadero, reacción a la que llamamos mitigación.

Sin embargo, existe otra área de importancia que es la adaptación al cambio climático, la cual se encarga de buscar políticas públicas, ciudadanas y privadas, que nos ayuden a asimilar con éxito, los cambios climáticos que ya se están produciendo, sin dejar de lado los que ya existe certeza científica que en pocos años se comenzaran a evidenciar.

Así las cosas, pudiera resultar intuitivo el efecto más evidente en nuestro país, la sequía, la cual afecta con mayor intensidad al sector centro norte, centro y centro sur del País, donde predomina hace más de 10 años y ha dejado terribles consecuencias, perdidas por más de 4 mil millones de dólares según el Banco Mundial, decenas de miles de personas sin acceso directo a agua potable( 12 mil solo en la provincia del Biobío y 11 mil en provincia de Arauco) , cultivos y animales que no logran subsistir, ríos y napas subterráneas que se secan, entre otras, es urgente trabajar en estos desafíos. A pesar de que ha existido cobertura en medios de comunicación para informar, siempre resulta insuficiente, especialmente ante las pobres medidas tomadas por el sector público, basada principalmente en camiones aljibes.

A pesar del desolador panorama, como se dice popularmente, “toda crisis trae una oportunidad” frase que viene de otra anterior, que se la atribuye al físico alemán Albert Einstein que dicta: “la crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos”. Naturalmente el cambio climático se encuentra muy lejos de ser una bendición, pero si coincido que nos brinda la oportunidad de hacer mejor las cosas en campos productivos y energéticos, a lo menos, y para ello revisaremos brevemente dos ejemplos, ambos de la región del Biobío:

Es cerca del año 2010 y en la provincia de Biobío unos pocos agricultores empiezan a prever la posibilidad de que es factible la inversión comercial de un cultivo no abordado, la plantación de Nogales, que naturalmente crecía entre cuarta y sexta región. La razón por la que no se trabajaba la nuez era simple, las abundantes lluvias traen demasiada humedad y una enfermedad que se le llama la “peste negra” del Nogal que le afecta gravemente y termina acabando con la posibilidad de abordar la nuez como un producto comercial. Aun cuando esa condición se mantiene vigente, los agricultores notaron que la misma sequia protegería sus cultivos y como existían proyecciones climáticas que aseguraban la mantención de la ahora mega sequía, se generaban las condiciones de cultivo, una “oportunidad”. Hoy la Región del Biobío es una de las principales exportadoras del producto y se prevé que a mediano plazo puede ser quien encabece en Chile su producción y exportación, en síntesis, los agricultores se adaptaron a la nueva situación, se arriesgaron y tomaron ventaja.

Otro ejemplo es en el sector energía, en la cual el cambio climático trajo opciones para una energía renovable no convencional que era de imposible implementación en un año normal, la energía solar. Para tener el suministro energético del sol necesitas altas exigencias en número de días soleados al año, en cantidad e intensidad, lo cual se cumple solo por consecuencia de la crisis climática pues antes, como todos sabemos, en Biobío las lluvias eran torrenciales y podían durar semanas presentes. A tal nivel ha llegado el nivel de inversión que ya se encuentra entre las regiones de mayor generación en nuestro país.

Ante la evidencia, es tiempo de reflexionar acerca del rol de la adaptación climática en el crecimiento económico de Chile, cuando la transformación productiva y energética son una necesidad, podemos asegurar de que sería mucho más expedita y beneficiosa que se haga de la mano de un gobierno climáticamente ambicioso y que genere estímulos técnicos y económicos a los privados, especialmente pequeños agricultores, para transformar su producción a una que sea ambientalmente viable.

Cuando pensamos en casos ejemplificadores de necesidad de intervención para la transformación productiva, no podemos dejar de ver el caso de Petorca, donde al parecer, las plantaciones de paltas tienen mayor derecho a agua que una familia, estas contradicciones no pueden ser parte del nuevo Chile, por ello el plantear una nueva economía para un clima cambiante se hace urgente y necesario.

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